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Emprendedorismo | Conocimiento orientado a potenciar el espíritu emprendedor de una comunidad - Siscapem

Emprendedorismo: Conocimiento orientado a potenciar el espíritu emprendedor de una comunidad

El emprendedorismo es la disciplina que estudia, con método científico, cómo se forma y cómo puede fomentarse la capacidad emprendedora de una comunidad. Esta entrada precisa qué nombra el término, cuál es su objeto, sobre qué base epistemológica se apoya, con qué método trabaja y en qué se distingue de los campos con los que limita. El orden importa: una disciplina no se establece afirmando que lo es, sino mostrando que tiene objeto y método propios.

Una palabra que nombra una disciplina, no una cualidad

«Emprendedorismo» no es un sinónimo de aquello. Su sufijo, -ismo, no forma nombres de cualidad, sino de cuerpos de pensamiento: doctrinas, escuelas, disciplinas. Esa elección es deliberada. Donde entrepreneurship y emprendimiento nombran el rasgo, emprendedorismo nombra el conocimiento organizado sobre ese rasgo: cómo surge, cómo se mide, cómo se cultiva. No es un concepto «más amplio» que el de entrepreneurship —sería un error plantearlo como una cuestión de alcance—; es una categoría distinta. Uno designa un atributo; el otro, la disciplina que lo estudia.

La palabra

Conviene empezar por la palabra, porque en ella está la primera decisión conceptual. El inglés entrepreneurship se forma con el sufijo -ship, que en esa lengua denota estado, condición o destreza —como en leadership o craftsmanship—. Nombra, por tanto, una cualidad: la de la persona o la actividad que emprende. La Real Academia Española asigna a ese término un equivalente preciso en español, «emprendimiento», definido como la acción y efecto de emprender y la cualidad de emprendedor.

El objeto de estudio

El objeto del emprendedorismo es la capacidad emprendedora de una comunidad y, en su unidad de análisis más fina, la persona que emprende considerada de forma íntegra. «Íntegra» significa aquí que el objeto no se reduce a las competencias técnicas para crear y gestionar una empresa. Comprende las motivaciones, las aptitudes y las actitudes del sujeto, y los marcos de sentido —valores, creencias, relatos— desde los que ese sujeto interpreta la posibilidad de emprender.

 

Esto tiene una consecuencia que conviene afirmar sin ambigüedad, porque es donde se producen los malentendidos. El emprendedorismo estudia la dimensión simbólica, cultural y motivacional del hecho emprendedor, incluidas las narrativas que las comunidades han construido a lo largo de su historia para dar sentido a la iniciativa, el riesgo y el cambio. Esa dimensión pertenece al objeto de la disciplina. No pertenece a su epistemología. La distinción entre ambas cosas es el contenido del apartado siguiente.

El anclaje epistemológico

 

El emprendedorismo se inscribe en una concepción sistemista de la realidad —en la línea del pensamiento de Mario Bunge y, en la trayectoria de SISCAPEM, del magisterio del profesor Manuel Ortigueira en la Universidad de Sevilla—: todo lo que existe es un sistema o parte de un sistema, y los fenómenos sociales se conocen mejor cuando se analizan como tales. De esa concepción se sigue un compromiso epistemológico estricto: el emprendedorismo es un cuerpo de conocimiento científico, y lo es en sentido literal. Sus afirmaciones han de ser contrastables; sus instrumentos, validables; sus resultados, acumulables y utilizables por otros investigadores. El conocimiento científico no nace de la nada: se alimenta del conocimiento ordinario y de la experiencia, pero los somete a método y los depura.

De aquí se desprende la aclaración que ordena todo lo anterior. Las tradiciones de sabiduría, los relatos mitológicos y las elaboraciones espirituales que las comunidades humanas han producido no son fuentes de conocimiento científico de la disciplina, y el emprendedorismo no se funda en ellas. Entran en la disciplina por dos vías legítimas, y solo por esas dos: como objeto de estudio —el emprendedorismo investiga cómo esos sistemas de sentido influyen sobre la motivación emprendedora de una comunidad— y como reservorio histórico de hipótesis, es decir, como conjunto de intuiciones que la investigación puede reformular en términos contrastables y poner a prueba. Estudiar científicamente la dimensión simbólica de un fenómeno no equivale a adoptar una epistemología metafísica; es, precisamente, lo contrario. Una ciencia social puede estudiar la religión, el mito o el valor sin por ello dejar de ser ciencia. El emprendedorismo conserva así un objeto íntegro —la persona y la comunidad completas— sin renunciar a un método comprobable.

El método: clasificar para poder investigar: Las TAES + DNC

Una disciplina se reconoce por su método, no por su declaración. El método del emprendedorismo parte de una operación previa a cualquier investigación: la clasificación del objeto.

No todas las actividades emprendedoras son la misma cosa, ni responden al mismo modelo motivacional. Investigarlas en bloque produce resultados confusos. Por eso el emprendedorismo distingue Tipologías de Actividades Emprendedoras (TAES): criterios que permiten delimitar con precisión qué actividades se examinan en cada investigación y excluir las que pertenecen a otras clases y diluirían los resultados. La clasificación cumple así dos funciones. Ordena la investigación —fija su objeto y controla las variables de confusión— y ordena la intervención, porque cada tipología requiere un modelo motivacional y un programa de capacitación propios.

Sobre esa base se aplican los instrumentos de la disciplina: el análisis de las motivaciones, aptitudes y actitudes en cada contexto; la Detección de Necesidades de Capacitación (DNC) específica de cada tipología; y la medición de constructos psicológicos definidos —de manera destacada, la autoeficacia emprendedora percibida, en la línea del modelo de Bandura— mediante herramientas diseñadas para ser validadas. La metodología Coaching-Learning® articula este conjunto en un proceso de gestión de competencias que integra el dominio cognitivo con la regulación emocional. Es en estos instrumentos —y en su validación— donde reside la cientificidad del emprendedorismo; no en el adjetivo «científico», sino en la práctica que lo justifica.

Frontera con los campos vecinos

Integra aportaciones de la economía, la sociología y la psicología, pero no se reduce a ninguna, porque tiene un objeto y un método que ninguna de ellas cubre.

  • La formación de emprendedores es una práctica: capacita, pero no estudia. El emprendedorismo produce el conocimiento que esa práctica aplica.
  • La economía del emprendimiento estudia la empresa, el mercado y sus condiciones. El emprendedorismo estudia, aguas arriba, la formación de la capacidad que hace posible que esa empresa llegue a existir.
  • La psicología vocacional y de las organizaciones estudia rasgos y conductas del individuo. El emprendedorismo toma esos rasgos como uno de sus componentes, pero su objeto es de otro nivel: la capacidad emprendedora entendida como propiedad de un sistema —la comunidad— y no solo de la persona.

 El emprendedorismo ocupa, por tanto, un espacio que estaba vacante: el del conocimiento sistemático sobre cómo se constituye, se mide y se cultiva la capacidad emprendedora

¿Para qué?

El propósito de constituir esta disciplina es práctico y verificable: dotar al sistema educativo de una base científica para integrar el pensamiento emprendedor en la formación, desde los niveles iniciales hasta la universidad. Una economía competitiva y sostenible no se sostiene solo en costes; requiere creatividad, innovación y la capacidad de iniciar lo que aún no existe. Esa capacidad puede estudiarse con rigor y, por tanto, puede enseñarse con fundamento. Establecer el emprendedorismo como disciplina es la condición para que esa enseñanza deje de apoyarse en la intuición y empiece a apoyarse en evidencia.

¿Qué son las TAES?

En el mundo de la investigación del emprendedorismo , se observa una tendencia emergente en identificar los factores de clasificación o los atributos con los que pueden establecerse diferentes arquetipos según las actividades emprendedoras (TAES) . Esto sucede por una doble razón:
1. El establecimiento de un criterio de clasificación que permita determinar con precisión las actividades de los emprendedores que examinaremos en cada una de las investigaciones que se desarrollen, excluyendo las actividades emprendedoras que pertenecen a otras clases que pudieran diluir o confundir los resultados de la investigación.

2. Emplearla como herramienta para formular programas de formación y de desarrollo de capacidades adaptados a cada tipología, ya que cada una responde a un modelo motivacional distinto.

Por ello, esta clasificación de las actividades emprendedoras constituye un paso previo a los modelos de investigación: delimita el objeto de cada TAE antes de estudiarlo.

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